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Licencia al señor Alcalde y autoridades del pueblo a mis paisanos y amigos para dirigirme pido en Fiestas tan señaladas y deseadas por ellos, que retrasar yo no puedo, pues es oro precioso el tiempo que se dedica al solaz, al ocio y entretenimiento.
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Virgen Santa de la Ermita, Madre nuestra venerada, que la hermandad ante Tí continúe, de la vida en cada etapa, que Las Casas y Belvís siempre en concordia lo hagan y las dos entidades como una, despierten cada mañana, que siempre amigos encuentres a la población que vayas diciendo sin distinciones, este es mi pueblo, mi casa.
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Que estas humildes líneas, venidas con mis anhelos sirvan, si así lo quisiereis, de comienzo en los festejos, pues por mucho que he intentado, otro tema yo no encuentro que contar lo que recuerdo de cuando aquí fui pequeño, y con muchos de vosotros pasé aquellos buenos tiempos.
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Sé que hay momentos comunes que son perennes, eternos, aunque están ya tan lejanos que se pierden como el sueño y en mi memoria se agolpan sin orden y sin concierto pues si mi vida aún no es larga, tampoco es corta en el tiempo y algunos hechos pasados tal vez no recuerde luego.
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Yo a párvulos fui como todos los críos de aquel mí tiempo y en la escuela entre alborotos pasábamos el día entero, deletreando vocales y los números sin cuento y al declinar cada tarde todos salíamos corriendo, los niños saltando a pídola, las niñas con sus muñecos.
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Y jugábamos al balón, el fútbol llamado luego los muchachos de Belvís allí en el Apartadero, los críos tras la laguna, los mayores allá, más lejos y cada partido era una lucha entre incansables guerreros, donde el que ganaba hoy mañana saldría perdiendo.
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En la puerta de la sierra donde corre el viento fresco, nos juntábamos los chicos y los que iban creciendo armados con un buen palo y con el pulso sereno a darle en la coronilla al calvo en la raya puesto para que el que lo guardaba fuera a buscarlo muy lejos.
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Del castillo las paredes, arruinadas y aún soberbias eran un reto a los chicos poder subir y vencerlas para probar su valor y hacer grandes las hazañas, desde el Tranco de la Reina hasta la Plaza de Almas ninguna se resistía, fuera más baja o más alta.
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Con la cesta bien repleta en tarde de todos los Santos los calvotes a comernos íbamos en grupo al campo y partíamos los melones y rompíamos las granadas y en el fuego mientras tanto, se doraban las castañas. ¡ qué bueno nos sabía todo, cuánto a todos nos gustaba !.
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Y en noches de luna clara, y con el cielo por techo al mirador en pandillas, íbamos todos contentos a cantar y jugar juntos hasta que nos rindiera el sueño o nos llamaran a gritos, nuestros padres desde el pueblo 1qué felices allí éramos, cuánto lo echo de menos !.
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Antes de llegar las siegas, a las puertas del verano en caminos vecinales, por donde se llevaba el grano, todos los hombres, altruistas, trabajaban con su manos para arreglar los senderos y hacer viables los atajos que en el pasado inverno las lluvias estropearon.
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En las tardes del estío, con el sol ya enrojeciendo llevábamos las meriendas a la era los chiquillos por el atajo entre moras, al pilón del caño fijo a beber agua del chorro, sin mojarnos el flequillo, y ya en la era gozosos trillábamos cual benditos.
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Casi al final del verano celebrábamos San Bernardo la Fiesta era muy solemne, los días muy señalados con los bailes y verbenas llenas de festivo encanto y puestos de golosinas, abalorios y regalos, que entre admirar y comprar disfrutábamos un rato De la fuente la Parrilla, el largo camino hollado con cántaros a la cintura y en la cabeza ajustados traían nuestras madres el agua, entre canciones charlando para calmar nuestra sed y en otras cosas usarlo varias veces por semana, muchísimas cada año.
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Siempre valiosa la carga, unas veces era trigo, otras era cebada, a moler por las mañanas y el tiempo que hiciera falta a un polvoriento molino que hoy no sé ya dónde estaba en un corralón muy grande, en un barrio de las Casas a mi padre muy feliz, a veces acompañaba.
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Se acabó el corral de Concejo, sus paredes y ganados, cada una con su dueño, cada uno por lado las mañanas se llenaba de vacas, cabras y cerdos que en la dehesa pastando pasarían el día entero y ya caída la tarde volvíamos a recogerlos.
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Recuerdo la Casa Grande, ¿fue un antiguo hospital?, ¡qué borroso está en mi mente este legado sin par !, construido junto a iglesias y conventos que no están grandiosos para su época, en ruina completa ya, los jirones de algún muro aún podemos admirar.
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Con los carros cual barreras, cercando toda la Plaza se celebraron hace años corridas de reses bravas, era un acontecimiento de colorido y de masas ver allí un maletilla con su estoque y con su capa lidiar solo un toro con arte, con arte y con mucha casta.
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En las bodas y bautizos, los chiquillos los primeros cantábamos por las calles aquel acontecimiento, que todo el mundo supiera que estábamos bien contentos que el pueblo un nuevo hijo tenía, o dos jóvenes uniendo sus vidas allí en la iglesia, con las campanas al vuelo.
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Y en los días de dolor, en los momentos de duelo dejábamos de jugar y nos poníamos serios: ¿Por quién doblan las campanas, quién se ha ido al cielo? el familiar de un amigo, nos enterábamos luego, y muy triste le veíamos, sus ojos de pena llenos. El día no lo recuerdo, pero una gran fiesta sí era alineado todo el pueblo, allí en la carretera para ver correr los gallos que al galope sobre cuerdas se disputaban los mozos en magníficas carreras entre los gritos y aplausos cada vez que blanco hicieran.
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En fechas de Navidad y noches de oscuro cielo, a tirar los tiestos íbamos los chicos más pequeños con llamadas engañosas por los postigos abiertos oyendo las amenazas o el fortísimo estruendo de vidrios y platos rotos, el fruto de nuestro ingenio.
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Con ilusión esperábamos los pequeños la matanza, desde socarrar los cerdos a comernos buenas magras todo aquello era una fiesta, todo ello era una holganza y por la tarde al columpio, de una encina en la rama mientras la pajarilla y el rabo sobre las ascuas se asaban. &
Siendo ya adolescente, qué veloz el tiempo pasa, algunos domingos íbamos al baile allí a Las Casas en salón frente a la iglesia que tenía una terraza, con música de gramola algún pasodoble echaba.
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Muchas más cosas bonitas se quedan, ay, sin citarlas, que es imposible narrar en tres folios remembranzas de los diez años vividos en tus calles y en tus plazas, de los trabajos y estudios, de los juegos y recreos de tristezas y alegrías, de enfados y de contentos. ¡Qué bellos los tiempos idos, qué bellos aquellos tiempos!. &
Un inciso permitidme, pura cuestión personal recordar con mucho afecto a Ismael Valares Galán, el hombre que en la infancia mi vida supo encauzar por los senderos correctos que nunca podré olvidar, pues siempre agradecido mi corazón le estará ya que de lo que soy y he sido él es causa principal.
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Belvís, siempre así, desde pequeño oí esta bella palabra, y antes que ésta ya la Historia, Bellavista te proclama por tus hermosos parajes y las vistas que entusiasman desde múltiples atalayas en espléndidas panorámicas que honor a tu nombre hacen, ayer hoy y mañana. Con sincera alegría veo cuando vengo a nuestros pueblos que sus hijos hoy luchan, que tienen ilusión y anhelos, que sus gentes viven hoy mejor que antes vivieron y confío que en el tiempo os sea esto duradero.
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Que la juventud actual de Belvís y de las Casas con mas de seiscientos años de historia que les avalan formen solamente un pueblo, que eso a todos bien ensalza cultivando con gran mimo de la amistad, la llama.
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¡ Arriba el ánimo, amigos ¡, que está cerca el tiempo en que otro hijo vuestro o tal vez varios de ellos eleven de nuevo los nombres muy alto en el firmamento al que nuestros gloriosos pasados no pusieron techo.
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Que estos días venideros sean de jolgorio plenos con todos los que se acerquen a compartir en el pueblo sus muchas actividades y gozar de los festejos, de la hospitalidad tan sana que viene de mucho tiempo y que a todos les brindamos con alegría y contento.
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¡Las Fiestas del Berrocal comienzan con este texto, ya está todo preparado, todo está ya bien dispuesto con vuestra familia y amigos disfrutadlas os deseo, y que la Virgen Morena, Patrona de nuestros pueblos, nos acompañe por siempre en este caminar nuestro!.
¡¡¡ VIVA LA VIRGEN DE LA ERMITA !!! ¡¡¡ VIVAN LAS FIESTAS DEL BERROCAL !!!
Belvís de Monroy, Junio 2006. Narciso González Muñoz
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