BELVÍS DE MONROY

Y LA EVANGELIZACIÓN DE NUEVA ESPAÑA

Fr. Sebastián García, O.F.M.

La emoción se apodera de mi alma,

como llama de amor, siempre encendida,

por Jesús, el señor, que siempre calma,

con su gracia y doctrina esclarecida.

 

Es el dedo de Dios, que nos señala

el fuego de su amor, siempre profundo,

es la fuerza, que siempre nos regala

y se extiende por todo el ancho mundo.

 

Doce Apóstoles, que aquí proclamaron

en Belvís de Monroy con fe ardiente

el Evangelio de Cristo, y anunciaron

la vida de Jesús, siempre presente.

 

Desde Roma llegó a este lugar

el mensaje de Dios que pregonaban

Doce Apóstoles, con fruto singular,

que a su Orden por siempre elogiaban.

 

Muy importante esta dulce mansión,

que el Papa, el Rey y los Menores,

con fe viva y sincera devoción

colmaron de elogios y favores.

 

Oíd los de Belvís en casa franciscana

el nombre de los Doce misioneros,

que fundaron en tierra de habla hispana

la Nueva España, con méritos sinceros.

 

Fray Martín de Valencia, fue el primero,

predicador y maestro en confesiones.

Fray Fernando de Soto, el misionero

y atento en pronunciar predicaciones.

 

Fray Martín de Jesús, el esperado

en predicar y alentar las confesiones.

Fray Juan  Suárez, también muy empeñado

En el confesionario y en sermones. 

Fray Antonio de Ciudad Real, en confesiones,

predicación y ejemplo de obediencia.

Fray Toribio Motolinia, en atenciones

en el confesionario, predicación y ciencia.

 

Fray García Cisneros en predicar,

Fray Luis de Fuensalida en sus sermones,

Fray Juan de Ribas dispuesto en emular

a apóstoles y santos, en atenciones.

 

Fray Francisco Jiménez, temple sacerdotal,

Fray Andrés de Córdoba, humilde en su labor,

Fray Juan de Palos, tan fiel y tan leal

ejemplo en La Rábida por ser fraile menor.

 

Y el cosmos con sublime sutileza,

bendijo a los Doce misioneros.

Belvís salta de gozo y fortaleza

y desde aquí abrió nuevos senderos.

 

Y desde entonces, se sabe con certeza,

que Belvís fue cuna indiscutible

del inicio colmado de grandeza

de la evangelización tan transmisible.

 

Bendito sea el Señor, que desde el cielo

eligió a estos Doce franciscanos

para llevar a Belvís con dulce anhelo

el Evangelio de Cristo a los hermanos.

 

A Nueva España, tan linda y gloriosa,

desde Belvís llegó la fe cristiana:

la Evangelización siempre dichosa,

creencia tan santa y tan humana.