ELEGÍA PARA UNA NOCHE SIN LUNA
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En memoria de cuatro jóvenes, que nunca más verán salir la aurora sobre el cielo de Belvís.
“Si a la tarde vuelves, si vuelves a la tarde, las palabras más hermosas te estarán esperando en el umbral.”
Nacieron ayer. Todavía recuerdo el gesto de sus manos apretadas contra el aire, sus ojos brillantes, como quien tiene prisa y cruza la calle sin mirar hacia los lados.
Nacieron en una isla de paredes desnudas, bajo el rigor temprano de las lunas. Como balandros, fue creciendo su voz entre los bosques, entre las aguas de un río desbordado por los sueños, entre las calles de una ciudad sometida al triste oficio de la melancolía.
Porque también en primavera, puede la lluvia llegar a sorprendernos, y hay dolores que nunca debieron inventarse, y el mar vuelve a ser ese lago sobre el que flotan los restos de cientos de naufragios, de caballos que nunca más verán la luz.
Fueron necesarios tantos años para que aquel árbol creciera, para recomponer las paredes de una casa que no se habitó nunca, para arrancarle una sonrisa al silencio.
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Tras los cristales, una extraña voz asoma, una mirada cargada de ausencia, el eco de unos pasos que el viento insinúa, un rostro que el espejo ignora, la silueta derramada del silencio, una presencia entre sombras, la mano invisible y poderosa del tiempo, que a nuestro pesar, sola se basta, para llenar de nieblas los recuerdos, una lluvia que cala y que tan siquiera sentimos.
No hay muro capaz de soportar tamaña herida, pues las palabras, atemorizadas, huyen de los labios, y la boca se nos llena de preguntas que nadie ha sabido contestar. ¿Quién se atrevería a afirmar que aquellos lugares transitados por la escarcha, escondían entre sus manos una intención homicida?
Jamás árbol alguno llenará este vacío, esta sombra desleída, esta casa de balcones silenciosos, donde una silla vacía siempre espera.
Por pasillos oscuros se descuelga la tarde, porque también hacia esos rincones ahora bañados por la penumbra, con el paso del tiempo, regresará la luz.
“Si a la tarde vuelves, si vuelves a la tarde, las palabras más hermosas te estarán esperando en el umbral.”
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Ovidio Bravo, cofundador y miembro del grupo poético "Jóvenes poetas de la Bahía", bautizados así por Rafael Alberti, perteneció además al grupo poético "Eslabón" en el que colaboró José Hierro. Escribe en la actualidad en la revista "Ars et Sapientia" de la Real Academia de Extremadura de las Letras y las Artes y colabora con el periódico Hoy en temas de crítica literaria. Ejerce su profesión docente en Casatejada y su labor literaria ha sido premiada en distintos certámenes, los más recientes, el XI "José de Espronceda" de Barcelona, el Certamen de Poesía "Evora Merida 2004" y el V Certamen de Poesía "Flor de la Jara" de Navalmoral de la Mata.