Carta a los cuatro

           Unos dicen que Dios se lleva consigo a las personas en su mejor momento, otros simplemente que los mejores son los primeros en irse. Por desgracia hoy sólo puedo confirmarlo.

Jaime, Nacho, Alfredo y Pablo, formabais parte un grupo excepcional con miles de anécdotas y recuerdos que ahora atesoramos con cariño. Erais gente emprendedora y responsable que habíais sacado adelante con vuestro carisma y tesón la Asociación de Jóvenes “El Berrocal”, de la que Nacho era presidente y Jaime tesorero, y con la que vosotros y muchos otros disfrutasteis de actividades y viajes como el tan recordado camino de Santiago del 2003.

Pero este no fue vuestro mayor logro, vuestra mayor proeza ha sido lograr tantas amistades sinceras, de las de dar sin esperar recibir nada a cambio, por allí por donde pasabais. En vuestras casas, en vuestros lugares de residencia y estudio o en cualquier lugar en el que os encontrarais, plantabais una semilla cariñosa que después regabais con vuestra simpatía, una y otra vez, para que sólo pudiese crecer.

Porque os conocíamos plenamente no nos extraña que vuestra última fiesta fuese, como todas las demás, tan ordenada y tranquila que más parecía propia de adultos que de unos jóvenes en la plenitud de la vida. No nos sorprende que vuestra forma de ser generosa y correcta os hiciese renunciar a la música alta, a una hora prudente para no molestar a los vecinos. Y por extraño que parezca, no damos importancia a que dejaseis la casa perfectamente recogida, porque lo hacíais siempre.

Me preguntaban: “¿Cómo se les ocurrió coger el coche para acompañar a los otros?” la respuesta es sencilla: porque estaban tan unidos que tenían que estar siempre juntos. Sólo os ha podido separar una fatalidad y aún así, os tuvisteis que ir cuatro para haceros compañía.

Cuando os vi sentados mientras rescataban vuestros cuerpos me parecía que estuvierais fumando un cigarro y comentando como había ido la noche. Estabais cada uno en vuestro sitio, sujetos con el cinturón, haciéndome creer que en cualquier momento me ibais a saludar como tantas otras veces que nos encontrábamos aquí o allí.

Gracias, muchas gracias por vuestro ejemplo. Porque en todos estos años nos habéis ayudado a mejorar con vuestra madurez, responsabilidad, alegría y entrega a los demás. Gracias también porque sé que desde el Cielo ya habéis empezado a tirar de nosotros para que superemos el inmenso vacío que dejáis aquí.

R. Martín Porras

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De sus amigos...

    ¿Qué podemos decir que no se haya oído en boca de otro? ¿Qué podemos escribir que no haya sido escrito por otro antes? ¿Qué podemos pensar que no haya sido pensado por otro? ¿Qué causa se puede buscar a algo que no la tiene?

Dicen que la vida es dura, y que te da lecciones de las que aprendes pero esta que nos ha dado es la peor que nos podría pasar. En estos momentos de dolor y pena, no nos queda otra cosa que recordaros tal y como sois. Qué difícil se hace esto, no hay un solo rincón en todo el pueblo que no nos haga recordar momentos que hemos pasado juntos, tanto los malos como los buenos, las lágrimas y las sonrisas, las canciones, esas canciones que nunca podremos olvidar. Sin hacer mucha memoria, se nos vienen a la cabeza todas esas noches de verano que hemos pasado en nuestro mágico castillo, y las conversaciones que hemos tenido sentados aquí en el mirador.

Todos los que os recordamos en estos momentos queremos que sepáis que en el armario de nuestro corazón siempre habrá un cajón en el que os llevaremos con nosotros, allá donde vayamos y cada instante que estemos juntos, haremos sentir vuestra presencia entre nosotros, esperamos que allí donde estéis hagáis disfrutar a los de vuestro alrededor como nos habéis hecho sentir cada día que hemos pasado junto a vosotros, hasta que llegue el día en que todos volvamos a reencontrarnos de nuevo.

Tan sólo os pedimos que desde donde estéis nos deis fuerza a nosotros y a vuestras familias que lo necesitan para poder seguir adelante y que no nos dejéis nunca porque nosotros no os olvidaremos jamás.

Sólo una apreciación: para nosotros no habéis muerto, las personas no mueren mientras permanezca en el recuerdo de todos aquellos que los quieren, que los han querido alguna vez o que quizás los iban a querer.

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Érase ...

    Erase un puto día de mierda en el que muchos de nosotros despertamos de un sueño. Nuestro sueño.

    En el mio aparece siempre un chavalito rubio y delgado que me vino a hacer compañía cuando yo soñaba que tenía tres años. De estos sueños ya casi no me acuerdo pero permanecen porque los siento. Este chavalito del que hablo es muy aventurero, cariñoso y sensible. Os contaré: tenía un abuelo grande y una muchachita preciosa con el pelo plateado, una madre guapa y un padre flipao. Tenía una Luna y un castillo. Combatió en batallas de granadas verdes y de moñigas secas. Siempre salió vencedor y fue nombrado tesorero de la orden de El Mirador. De todas formas, él siempre prefirió la caballería antes que la tesorería. Salía en busca de aventuras con Felix, Moncho Panza y otros caballeros de alegre figura. Le encantaban los corceles, errantes o errados, en fotografía o dibujados, con silla o a pelo. Siempre cabalgando detras de la naturaleza.

    Además también tenía bicicleta, raqueta, caña, balón, libros, Super Nintendo, embarcaderos, cotos, parcela, instituto, Londres, Noja, Castro, Santiago, Navalmoral, Casatejada, Cáceres y sobretodo Belvís.

    Tenía todo esto. Nada al lado de su gran tesoro: la amistad y la generosidad. Tenía tanta amista que la iba regalando. Me la regaló a mi en este sueño del que os hablo. Pero se la regaló también a mi padre y a mi madre. Y también a su tío Felix y a Jose y a Benja y a Pepe y a su tia Tia y a Tere, Teresa, Mariangeles y a sus primos Rosa, Mercedes, José Miguel, Maite, Marta...

    Este sueño es como una vida. También aparecen muchos de sus amigos riendo, saltando, pescando, cazando, divirtiendose y apoyándose. Y el siempre ahí. Al lado de los corazones de amor desatendidos, al lado de los soñadores, de los que duermen en la era, de los que comen queso y jamón, de los que sufren, de los que rien y de los que lloran. Siempre cerca de la poesía. Agarrando la belleza por las visceras y sudando amistad.

    Una amistad que también aparece en los sueños de Nacho, Cesar, Felix, Juanan, Diego, Luismi, Julio, Irene, Ana, Noelia, Juan Luis, Jesús, Adolfo... De esta forma los sueños no morirán para siempre y, en su transformación de mañana darán con más calor a la tierra, de su muerte, pasado mañana, brotes de esperanza.

    Porque yo sigo soñando. Sueño con una tarde en la que pesqué una sardina en el Tajo, sueño con pescar ranas y tencas al ritmo de Bob Marley, sueño con oropéndolas, tordos ,alcaudones, rabilargos y herrerillos. Sueño con lobos, jinetas, zorros, lechuzas, aguilas, autillos, alimoches y lagartos. Sueño con vacas suiza y charolesas y con toros de huevos gordos, como los suyos, rascándose en un chaparro. Sueño que no estoy sólo en la plaza de armas, sueño que me ayuda y que le ayudo. Y sueño con poetas que dicen que todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos de soledades en los que debemos plantar nuestras libertados. Y vuelvo a soñar con la poesía de alguien que es mitad humano, mitad bohemio, que se permite bridar por los buenos momentos que hemos pasado juntos. Es decir, todos.

    Y sueño que canta Jesucristo García, Lou Reed, el rock´n roll animal y la milonga del marinero y el capitán. Y sueño que el sueña conmigo y me dice que le busque al lado izquierdo de mi pecho y miró y le encuentro. Y de nuevo su grandeza me cubre y me da protección.

    Y vuelvo a soñar. Sueño con un chico que soñaba que escribía una carta porque perdía a su hermano. Pero solo era un sueño. Como la vida.

    Si alguna vez, paseando tranquilamente por el Mirador, veis un cernícalo dormido, escuchad atentamente. Mi hermano está cantando.

A. Ramos

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    Nacho, estamos orgullosos de ti.

    Fuiste un regalo del cielo que Dios nos dejó disfrutar 18 años. Nos has dado una gran lección. Tú eres la alegría de nuestros hogares. Tu gran humanidad y tu capacidad de entrega a los demás hacía que siempre tuvieras algo que darnos a cada uno de nosotros, que nos llegaba al corazón.

    Eres como un hermano para tus sobrinos, Maxi, Alex, José María, Vichu, Paquito, Marujeitor y Martita. Los querías, jugabas con ellos y seguías todos sus pasos, en una palabra les adorabas y aún ahora lo sigues haciendo.

    Esos dos metros de altura y ese 46 de pie, recogen a un joven honesto, leal, sincero, cariñoso, alegre, tremendamente alegre, amigo de sus amigos, de forma que allí donde fueras hacías uno nuevo.

    Desde la fe que profesamos sabemos que te perdimos en la tierra para ganarte en el Cielo. Allí estás junto a tus amigos a los que tanto querías. Agradecemos a Dios estos 18 años que hemos pasado contigo, aunque como eras ¡tan grande! así también es nuestro dolor.

    Os agradecemos a todos el cariño, ayuda y compañía que nos estáis dando en estos momentos.

    Jaime, Pablo, Alfredo os llevamos en nuestro corazón y a ti Chiquitín nuestro chiquitín, tío grande, te queremos con toda nuestra alma.

Familia Martín Porras

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Queridos padres:

             Durante este año he sido profesora y tutora de vuestro hijo Ignacio en el IES Zurbarán, lamento profundamente que Ignacio ya no esté con nosotros.

             Recuerdo de Ignacio su capacidad de liderazgo, la alta estima y consideración en que le tenían sus compañeros, la buena disposición y alegría con que participaba en todo, sus comentarios brillantes en clase, su eficaz colaboración y carácter conciliador que nos resultaban indispensables; Le recuerdo sonriendo con su arrolladora vitalidad con que nos encendía y su simpatía desbordante y amigable. Ante todo, recuerdo, Salustiano, lo importante que era para Ignacio que tú estuvieras orgulloso de él pues, cuando preparábamos alguna entrevista, sus palabras dejaban traslucir el respeto y cariño que te tenía como padre.

             Así permanece en nuestro corazón, nada ni nadie puede arrebatárnoslo

            Así permanece en nuestra memoria sin que la puedan arañar o menoscabar

             Cuesta mucho aceptar, siento profundamente su pérdida, comparto vuestro dolor, queridos padres y os acompaño en estos difíciles momentos.

             Que Dios tenga a Ignacio en su Gloria.

 

 Fdo: Patricia Blanco Embid

(Tutora de Nacho curso 03/04)

 

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   Navalmoral de la Mata, Almaraz, Belvís de Monroy y todos nosotros nos vestimos de luto el 11 de julio de 2004 por las muertes de Alfredo, Jaime, Nacho y Pablo.

    En una noche con luna a la sombra del castillo de Belvís de Monroy, conocí a Nacho. Me pareció de una calidad humana excepcional. Me dio el número de su teléfono móvil con una recomendación: “Cuando tengas un domingo libre me llamas y te enseño el pueblo. Su iglesia, su castillo y alguna cosa más...”

     Ahora ya no es posible cumplir aquella recomendación de Nacho. Belvís sigue ahí sin Nacho. Dos preguntas: ¿Cómo serán capaces los padres de estos cuatro jóvenes de seguir adelante con entusiasmo y el arranque necesario en sus vidas? La otra pregunta: ¿Cómo nosotros los que conocimos, tratamos y quisimos a Alfredo, Jaime, Nacho y Pablo seremos capaces de acompañar a sus padres?

     La respuesta nos la dio el obispo en su homilía en el funeral. Dijo que Jesucristo en la película de “La Pasión” contestó: “Yo estoy contigo”, nosotros añadimos... con vosotros con todos los que sufren. Una reflexión: El volante es eficaz, nos lleva donde queremos; pero el volante es peligroso, no nos podemos dejar llevar por su fuerza seductora: resulta mortal. No nos podemos permitir tanto dolor como van a producir las muertes de estos jóvenes.

     Que ayudemos a sus padres cada uno desde donde podamos, a seguir viviendo. “El mayor espectáculo es un hombre esforzado luchando contra la adversidad; pero hay otro aún más grande: ver a otro hombre lanzarse en su ayuda”, Oliver Goldsmith. Y que no decaiga nuestra fe. Dios es la respuesta a tantos interrogantes como se nos plantean con la muerte.

    Tras el doloroso momento de la muerte de estos cuatro amigos, Jesucristo nos espera con los brazos abiertos.

 

 Miguel Ángel García Durán. Peraleda de la Mata

 El Periódico (Extremadura) – 22/07/04

 

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